domingo, diciembre 02, 2012

¿Por qué soy Ateo Militante?



                Me gustaría compartirles la historia de cómo me embarqué en la decisión de ser más frontal con mi ateísmo, y el por qué pienso que más ateos deberían unirse en la des-conversión de los creyentes. Así que comenzaré por decir a qué me refiero con “ateo”.

                No quiero resultar tedioso aquí, pero aunque pareciera obvia la respuesta, podría haber quien tiene un mal entendido en lo que significa; en este caso el análisis etimológico no basta, pues A-teo significa sin-dios, cuya definición no me sirve, porque desde mi perspectiva todos estamos en esa condición “sin-dioses”, habrá quienes creen en ellos, pero al final es una ilusión y la realidad es que todos somos ateos bajo la definición etimológica, así que aquí lo que importa es la convicción personal, es decir, Ateo no es solamente el que no tiene dioses, sino que además el que no cree en ellos; y en esto radica la diferencia principal, quizás una mejor clasificación sería entre creyentes y no creyentes.

                Yo me autodefiní un par de años como “agnóstico”, me parecía una posición humilde y sensata, precisamente por la neutralidad que implica el término, y porque era compatible con el escepticismo que también profesaba. Agnóstico básicamente es decir “no sé” A =sin, Gnosis= conocimiento, Tico= relativo a; lo cuál en mi caso es verdad, pero también lo es en el caso de cualquier persona, realmente nadie sabe si hay uno, varios dioses o ninguno, además de que esto depende en cada caso de la definición que se dé sobre Dios, por lo que el agnosticismo como tal no es una postura, es elegir no participar en la discusión y eso era algo que no me podía permitir, especialmente con la vena neurótica que corre en mi familia.

                Además me di cuenta que “agnóstico” no definía lo que yo verdaderamente creía, me parecía una posición tibia y neutral cuando yo en realidad tengo bastante confianza en que no existe ninguna clase de dios o deidad, como dice el filósofo Daniel Dannett, “No encontrar razones para creer es tener buenas razones para no creer”, cosa en la que estoy absolutamente de acuerdo.

                Aprovechemos para contemplar otras posibles definiciones para la postura que sostengo, y por supuesto la más importante es “Escéptico”, es decir, no creo hasta ver la evidencia, por supuesto que me siento identificado con esta postura, sin embargo el escepticismo al final no capta la intención confrontativa que yo poseo y se queda nuevamente en la posición neutral que ofrece el “agnóstico”. Richard Dawkins ofrece otros posibles nombres para las personas que no creen en la superstición y lo sobre-natural, les dice naturalistas, No-teístas, no-creyentes y hasta brillantes, tratando de ofrecer una palabra que tenga un sentido positivo que contribuya a mejorar la imagen de los ateos en general, pero al mismo tiempo dice que es importante quitarle el estigma a la palabra con “A”.


Otros ateos prefieren definirse como “racionalistas” la cuál es una clasificación que me atrae un poco más, por un lado es una postura positiva, en lugar de decir “sin-dios” o “sin-conocimiento” dice “con-raciocinio” y aprovecha para dar una bofetada de guante blanco a los creyentes diciéndoles (entre líneas) “sin-raciocinio”; pero sospecho que esto cerraría las puertas de discusiones futuras con los creyentes, y si mi objetivo es des-convertir a las personas, no quiero que detecten un tono hostil al momento de definir mi postura, quiero generar las conversaciones que vuelvan a una persona más escéptica sobre sus creencias, que dispare la atención de las personas sobre sus propias acciones y convicciones, y por muy racionalista que yo sea, pienso que frente a un creyente no es la mejor forma de presentarse cuando surja la pregunta. Por otro lado yo siempre me he considerado racionalista, incluso como creyente, por lo que auto definirme de esa forma haría que los 24 años que pasé como creyente hubieran sido irracionales, lo cual no es completamente cierto.

                Verán, tengo un objetivo, mi intención es hacer ver la belleza que tiene la realidad por sí misma, hacer ver lo interesante que es, enseñar a que las personas distingan entre lo que desean y lo que existe, y que aprendan a cuestionar y poner en duda aquello que les han enseñado ¿Por qué? Porque a mí me provocó una profunda felicidad el aprender a distinguir y desechar aquellas cosas que solo son fantasía humana.

                Pero ¿cómo llegué a esta conclusión? Los que me conocen un poco sabrán que yo fui un creyente sincero, de hecho, me molestaban aquellas personas que decían que creían, pero sus acciones no correspondían a lo que decían, desde entonces respetaba más a los Ateos que a los Agnósticos o que los creyentes moderados justamente por esa falta de claridad; además para mí alguien que decía no tener ninguna certeza sobre el mundo no podía tomar ni una sola decisión, así que los escépticos también me molestaban.

                Con el tiempo hubo distintas razones por las que me fui alejando de mi creencia inicial, para mí era y es muy importante la congruencia, por lo que no permitía que dos pedazos de información que se contradecían coexistieran, sin embargo es relativamente sencillo no encontrar conflictos entre la realidad y la fantasía cuando no se conoce la realidad de una forma científica, aun cuando actuaba “racionalmente”. Digo que actuaba racionalmente porque actuaba en concordancia al modelo mental que tenía sobre el mundo, ajustando mis acciones cada vez que un pedazo nuevo de información sobre la realidad aparecía ante mí.

Pero hubo un día en el que mi modelo mental sobre el mundo se había vuelto demasiado rebuscado, sentía mucha frustración platicando y discutiendo sobre muchos temas, sentía que había algo que entorpecía mi camino, y era justamente mi fantasía. Imagina un rompecabezas (puzzle) descomunal en tu cerebro, dicho rompecabezas representa la realidad, cada uno de tus sentidos te ofrece constantemente piezas que te ayudan a completarlo, y estas piezas deben encajar en algún punto con el resto para no deformar la imagen; algunas piezas no están conectadas con ninguna otra, pero por el color y la forma puedes imaginar en que parte del rompecabezas pueden ir y las colocas en su posición tentativa por un tiempo incluso si no estás completamente seguro de que van allí.

Pero luego está este otro grupo de piezas, piezas que tus padres te dijeron que eran parte del rompecabezas, casi como hacer trampa te ofrecen un rompecabezas armado con piezas que se conectan entre sí, y sería tonto no aprovechar esta ayuda, así que las aceptas, aún no sabes en que parte van a encajar, pero confías en que tus padres te dirían si ellos nunca lograron unir ambos rompecabezas. Así que continúas poniendo nuevas piezas con la esperanza de encontrar algún día una pieza que una las distintas partes, pero esa pieza no llega, pasan 24 años de tu vida y no la ves llegar, incluso has empezado a desechar partes del rompecabezas que te dieron tus padres porque te das cuenta que por la forma y tamaño no podrán llegar a encajar con el resto jamás.

Lo que a mí me pasó es que un día me di cuenta que mis padres simplemente no habían sido tan dedicados como yo armando su rompecabezas de la realidad, habían perdido el interés en completarlo y vivían contentos con las piezas que habían logrado juntar y nunca se preocuparon por unir las  partes que te dieron con el resto de la realidad, ellos mismos había desechado muchas de las piezas que te habían entregado años atrás y nunca te lo dijeron, en el momento en que entraron en conflicto con su forma de vida o en cuanto les resultaron inconvenientes decidieron abandonarlo sin avisarte siquiera, algo no estaba bien.

En una carcajada triunfal (casi maniática) todo se volvió claro, de un momento a otro fue como si todas esas piezas que había estado reservando para el momento en que encontrara la conexión empezaron a destacar del resto, fue como si siempre hubieran sido de otro color y yo simplemente no lo había notado, me di cuenta de que estas piezas eran como recortes de dibujos infantiles en comparación a la obra maestra que estaba preocupado por completar, simples niños que deseaban que su imaginación formara parte del rompecabezas produciendo piezas y semi-ajustando la forma a la realidad, pero claramente no pertenecían a ella.

Sentí que todo mi cerebro se agudizó, fue como si toda esta basura que había estado rondando mi espacio de trabajo hubiera simplemente desaparecido, revisé nuevamente el rompecabezas y me di cuenta que yo mismo había fabricado algunos de estos dibujos infantiles y los había colocado para completar huecos que faltaban y los deseché también, por primera vez vi que era mejor dejar un espacio vacío que tratar de rellenarlos con un producto imaginario, por muy buen “dibujante” que fuera y por muy cercana a la verdadera pieza que fuera, simplemente no eran parte de la realidad y debían ser desechadas.

Fue una de las épocas más felices de mi vida, el proceso de hacer una revisión concienzuda del rompecabezas encontrando fallas y luego buscando en internet, documentales y libros  la pieza verdadera. Por supuesto que debí volverme muy cuidadoso al momento de aceptar nuevas piezas, por muy realistas que parecieran necesitaba estar seguro de que formaran parte del rompecabezas que pretendía armar. Fue y continúa siendo una experiencia emocionante y vigorizante que me gustaría que todos tuvieran; probablemente todavía hay algunas piezas “fabricadas” por alguna parte en mi cerebro, partes del rompecabezas que olvidé revisar, pero tengo una certeza, ya no siento ninguna aprensión afectiva por mantenerlas, sin importar cuánto tiempo hayan estado allí o cuán grande sea el pedazo que parecen completar, en el momento que las descubra por entrar en conflicto con la evidencia las desecharé en un segundo.

                También entendí que toda la vida me había encontrado con fabricantes de piezas falsas que sin ninguna timidez esparcían su seudo-conocimiento a gente que, como yo, otorgaba el beneficio de la duda por cortesía o por tolerancia, pero ya no lo seguiría haciendo, ahora me propongo denunciar a todos estos farsantes cada que tenga la oportunidad, cada vez que escuche a una persona hablando sobre un hecho del universo se arriesgará a mi evaluación y juicio, me he propuesto hacer las investigaciones que estas personas  no realizan por pereza o negligencia y denunciar cada vez que detecte una pieza falsa para que la menor cantidad de personas posible sea víctima de estos aficionados a la inventiva, la pereza y la mentira.

                Es por esto que cuando alguien pregunta por mi religión digo “no tengo, soy ateo”, ateo militante, anti-teísta, escéptico, racionalista, agnóstico y naturalista; militante porque veo el ateísmo como un movimiento de gente preocupada por que la humanidad entre en razón y en una búsqueda científica de la verdad, porque solo a través de ser honestos con nosotros y dejar de engañarnos podremos corregir los errores que a causa de nuestra primitiva evolución cometemos.

                Muchas gracias por leer

Rafael Cuen Hernández

5 comentarios:

Gustavo Löbig dijo...

Hola Rafael. Pocas veces he leído un aporte tan honesto como éste tuyo, que destila amor por la vida y valida la realidad sin inventársela, porque además de querer compartir la causa de tu felicidad con otros, te mueve el deseo de desmontar la causa del miedo y de la manipulación lucrativa con la que los adictos al poder o al dinero lavan el cerebro de personas crédulas, necesitadas o en búsqueda desorientada. Ayer mismo, en un taller de crecimiento personal para jóvenes al que fui invitado, pude constatar como, con la mejor intención y la fuerza que da la oscuridad, se hace un daño terrible desde la creencia de estar en posesión de la verdad y en la capacidad de transmitirla a otros o incluso de imponérsela, para ganarse la vida mientras se refuerza el propio ego, la propia disfunción, el miedo. Cada quien mete la pata y la saca del barro a medida que se construye su historia personal, pero es indudable que reanima saber de la presencia activa de gente como tú, que además de ocuparse de entender y vivir lo mejor que puede, también se ocupa positiva y desinteresadamente por los demás. Un abrazo! Gustavo

amici dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rafael Cuen dijo...

Muchas gracias Gustavo, me alegra que lo hayas disfrutado, y me alegra más que tengas esa imagen de mí.

amici dijo...

Excelente recuento de tu caso, elocuente y positivo.

Bienvenido al "otro lado", este planeta requiere que las personas que piensan ayuden a los que desgraciadamente no han podido hacerlo por ellos mismos y a -como mencionas- a denunciar a los charlatanes falsificadores autoengañados.

Rafael Cuen dijo...

me alegra tenerte de nuevo Amici, espero que lo que escribo contribuya a la causa.