domingo, enero 13, 2013

Gratitud




                En mi familia paterna hay una costumbre que siempre me gustó mucho, cada año en la noche del 31 de diciembre nos sentamos todos en la sala de mi abuela y hacemos acción de gracias, en general es un momento en el que la familia se reúne, platica un poco sobre las cosas importantes le han pasado en el año y los planes que tiene para el siguiente, es un momento especial en el que chicos y grandes tienen un momento para hablar sin que se les interrumpa o juzgue. Para muchos se ha vuelto el punto de aviso para las bodas y embarazos, para las graduaciones y cambios de carrera, en fin, son unos momentos para que la familia, más allá de convivir, comparta las cosas que considera importantes.

                Normalmente empieza alguno de los más grandes y a contrareloj uno por uno espera su turno para decir lo que quiere, la mayoría suele empezar con “Quiero agradecer a Dios por este año…”. Agradecen por la familia, por su situación, por los momentos felices y por las lecciones aprendidas en los momentos difíciles; es una excelente manera de cerrar el pasado y empezar el año con cuentas nuevas, ya que también es el espacio para pedir perdón a los que has ofendido.

                Siempre me ha gustado esta costumbre a pesar del tono religioso que tiene, personalmente como ateo no puedo creer en un dios preocupado por la conducta humana, sin embargo entiendo esa necesidad de mostrar agradecimiento por la fortuna que en muchas ocasiones tengo sin haberla ganado. Durante muchos años yo permanecí sin decir nada, diciendo “paso”, lo que también está permitido, pero este año nuevo que pasó sentí que era momento de expresar nuevamente la gratitud que siento… empecé con “yo quiero agradecerles a todos por…” y agradecí por su generosidad, hospitalidad, ayuda y en general todas las cosas que cada uno de ellos me ha brindado desinteresadamente.

                La gratitud es un sentimiento importante para todos, en general demuestra amor y reconocimiento a los demás, hace que las relaciones perduren y muestra que eres consciente de tu dependencia a los demás; llevar un registro de lo que los demás han hecho por nosotros nos permite retribuir y permitir así que esa persona continúe dispuesto a ayudarnos cuando lo necesitamos. Con toda la belleza que tiene la sensación de gratitud no se elimina el hecho de que tiene sus ventajas de sobrevivencia personal (por lo menos para animales que viven en sociedad); cuando tú eres un individuo que devuelve favores tienes más probabilidades de ser ayudado nuevamente, siempre que el otro individuo se percate de quiénes le devuelven favores y quienes no; el ser humano en su evolución desarrolló este instinto.

                Tal vez suena un poco raro hablar de la gratitud como un instinto, después de todo parece que podemos aprender a ser más agradecidos o podemos escoger no agradecer a alguien, pero es justamente aquí donde entra la percepción; Por desgracia somos mucho mejores registrando cuando damos que cuando recibimos, cuando nosotros damos implica que hemos hecho un esfuerzo por obtenerlo y un esfuerzo emocional en desprendernos de aquello que damos, es fácil cuando se trata de centavos, porque relativamente el esfuerzo fue casi nulo para obtenerlo y no hay esfuerzo emocional en el desprendimiento, por otro lado al momento de recibir muchas veces desconocemos el esfuerzo invertido y casi siempre desconocemos el esfuerzo emocional que requirió el desprendimiento, por lo que una falta de consciencia limita nuestro nivel de gratitud.


                En el documental “nice guys finish first” (lo chicos buenos quedan en primero) el zoólogo y etólogo Richard Dawkins ofrece un simple escenario en el que puede surgir la moralidad como la mejor táctica de sobrevivencia*1; habla de una especie de aves que es aquejada por garrapatas, las aves se pueden quitar casi todas las garrapatas del cuerpo, menos de la cabeza, por lo que requieren ayuda para logarlo, de no hacerlo serán sujetos a infecciones y enfermedades provocadas por pasajeros que tiene la garrapata; sin embargo quitarle garrapatas a otro miembro lleva cierto nivel de tiempo y energía invertido, por lo que un ave que compulsivamente quite garrapatas (generoso)  a los demás sin que le quiten las propias eventualmente morirá, de manera opuesta, si tenemos un ave que se deja quitar las garrapatas, pero no se desgasta quitándolas a alguien más (egoísta) tiene más tiempo y energía para buscar alimentos más sustanciosos, lo que con el tiempo resulta en una aparente ventaja evolutiva.

                El problema surge cuando el sistema se corre a largo plazo, en una población de generosos y egoístas, eventualmente los generosos se extinguirían ya que son muy fáciles de explotar, lo que nos dejaría con una población de puros egoístas, pero si entre ellos no se ayudan entonces los egoístas también se extinguirían al morir a causa de las enfermedades provocadas por las garrapatas; lo que dice Richard Dawkins es que se necesita una tercer clase de individuo para que el sistema sea estable con el paso del tiempo. Estos individuos deben empezar quitando garrapatas a todos, pero recordando a los individuos que no devolvieron el favor para no ayudarles de nuevo (llamémoslos los sensatos), de esta manera le dan una ventaja  en sobrevivencia a los individuos más generosos.

                Esto se puso a prueba en programas de computadora, en el que si ambos individuos cooperaban cada uno recibía 3 puntos, si uno cooperaba y otro se hacía wey el primero recibía 1 punto y el otro 4, y si ninguno cooperaba cada uno se quedaba con 2, (como está en la imagen abajo); de esta manera cada individuo sólo tiene 2 elecciones cooperar o hacerse wey y hay 4 posibles resultados para cada uno. Se corrieron 50 distintos programas con 50 estrategias distintas, entre ellas la propuesta por Richard Dawkins (Empezar generoso, pero recordar a los que se hacen weyes); entre las distintas estrategias había algunas que eran abusivas o que fingían cooperación, pero escogían cuando no cooperar para obtener una ligera ventaja; todos los programas compitieron contra todos y se sumaron los puntos; hubo tres conclusiones del estudio, la primera es que el programa que ganó era uno incluso más simple que el propuesto por RD, fue uno llamado tit for tat, que básicamente empezaba cooperando, pero los siguientes turnos colocaba la respuesta que hubiera puesto su contrincante en el turno anterior. La segunda conclusión es que este programa fue superior al otro porque perdonaba rápidamente, no importaba si un programa no cooperaba al principio, en el momento en que empezara a cooperar tit for tat también cooperaría, sacándole el mayor provecho a la mayoría de competidores. La tercera conclusión fue que las estrategias malvadas y egoístas suelen terminar más abajo en la lista; aunque hubo algunas que quedaron en relativamente en buena posición,  y el programa que cooperaba compulsivamente terminó casi hasta abajo, simplemente era muy fácil de explotar.


Esto nos permite ver que la gratitud como tal (devolver los favores), perdonar rápidamente y empezar siendo generosos con los desconocidos son estrategias que a muchas especies pudieron haber ayudado en su evolución y probablemente es por eso que nosotros lo valoramos.


                En la evolución del ser humano intervinieron muchos más factores, para empezar la interacción deja de ser uno a uno y muchos otros individuos interactúan en el sistema, pero hay algunas observaciones que nos permiten ver la forma en que interactúan; el humano tiende a formar una estructura jerárquica y la reputación del individuo determina cómo es tratado; cuando una persona es muy egoísta, mezquina, o cruel su reputación empeora y es rechazado, lo que le dificulta la vida. Por otro lado cuando una persona es leal, paga sus deudas, es respetuosa y generosa es incluido y ayudado.


                La perspectiva de la evolución necesariamente es egoísta para los individuos, ya que es el individuo el que aporta el material genético para la próxima generación, no el grupo, así que los beneficios en la conducta que beneficien al grupo necesariamente contribuyen de alguna forma a la transmisión de material genético a la siguiente generación para el individuo; el sexo normalmente es la respuesta para muchas de las conductas difíciles de explicar en la evolución de los animales. La generosidad desinteresada probablemente atrae más candidatos para reproducirse, es posible que las mujeres seleccionaran a los hombres más generosos como señal de que tendría más apoyo en la crianza de niños.



                ¿Pero cómo surgió? Primero hay que aceptar el hecho de que un mejor registro de lo que hacen los miembros de un grupo es una ventaja para el individuo, por lo que aquellos individuos que puedan retener más información de un mayor número de individuos tendrá una ligera ventaja de sobrevivencia; de esta manera el cerebro de los homínidos fue creciendo para permitirle más interacciones, lo que permitió hacer grupos más grandes, que brindaban mayor protección a sus miembros y mayor fuerza de trabajo. Un individuo que no tuviera la capacidad de interactuar con grupos grandes o mantener un apropiado registro de las interacciones probablemente era despreciado, lo que acelera el proceso evolutivo.

                Esta capacidad de recordar lo que te han hecho distintas personas, cómo es tu relación con ellos, cómo es la relación de ellos entre ellos y quién dice qué de quién; hace que la red de relaciones entre conceptos se complique muchísimo por cada individuo adicional que llega a un grupo, por lo que el cerebro aumenta la complejidad de las configuraciones en que se conectan las neuronas; por desgracia el cerebro es limitado, lo que quiere decir que la cantidad de información que puedes tener es limitada, el antropólogo David Dunbar cree que el máximo se encuentra alrededor de los 150 personas con las que podemos tener una relación significativa*2.


                Este límite suena poco, cuando vemos nuestra capacidad de vivir en ciudades de varios millones de habitantes, ¿así que cuál fue nuestro secreto para ir más allá de la limitación de nuestro cerebro; yo creo que la respuesta está en la gratitud, y para ser específicos en el dinero. Piénsenlo así, en economía nos enseñan que el dinero tiene tres motivos principales: común denominador, es decir, todos los bienes se pueden valorar en dinero; intercambiabilidad, o que no importa si no te dan las mismas monedas, si te dan el mismo valor es suficiente; y transportabilidad, en lugar de cargar con tu riqueza, cargas un papel que representa una cantidad determinada de riqueza. Sin embargo el dinero tiene una función más, te permite intercambiar con desconocidos al permitir que la gratitud se demuestre inmediatamente; en lugar de “yo te doy algo y tú me lo correspondes en el futuro”, con el dinero acercamos el momento de la retribución al momento de la entrega del favor, lo que nos permite no tener que retener demasiados detalles sobre la persona con la que se realizó el intercambio.


                Como nuestro cerebro es limitado y tiende a registrar peor cuando recibimos que cuando damos es importante mantener una cuenta correcta de los favores que hemos recibido para poder corresponderlos, el psicólogo Robert Emmons*4 sugiere hacer una lista y cada noche anotar las cosas por las que te sientes agradecido y meditar sobre las personas involucradas en que lo tuvieras. O tal vez si no puedes hacer la lista de cosas que otros hacen por ti puedes intentar dar siempre un poco más de lo que crees que recibiste para que compenses los favores que olvidaste.

               

                Cuando nos sentimos agradecidos estamos haciendo conciencia sobre la procedencia de lo obtenido, por eso se parece tanto al sentimiento que tienes cuando aprendes algo nuevo e interesante, porque estás fortaleciendo una idea que conecta el resultado con la fuente, es una forma que tiene el cerebro para registrar la procedencia y ser más eficiente en la conducta, el problema de la gente ingrata es que no hace la parte de reflexionar sobre la procedencia de lo que tiene y es descuidado con las relaciones de gente que le está ayudando.


                Así que tenemos muchas buenas razones para procurar sentirnos agradecidos, incluso si hay pocas cosas buenas en tu vida, reflexionar sobre cómo es que las tienes te ayuda a centrar tus esfuerzo y tiempo en las cosas que realmente te hacen feliz.


                Eso es todo, muchas gracias por leer.

PD: ¿qué cosas son las que te hacen sentirte agradecido?

Referencias:

*1 Nice guys finish first, Richard dawkins http://www.youtube.com/watch?v=Q_GL52NNeQ0



              

3 comentarios:

Rafael Baralt dijo...

Hola Rafa, he disfrutado mucho tu artículo, sin duda el mejor que he leído sobre el tema. Está muy bien documentado, lo cual le da veracidad y solidez a los argumentos que desarrollaste.
Sobre tu pregunta final: ¿qué cosas son las que te hacen sentirte agradecido? Te confieso que por años he dado gracias a diario por lo que tengo, pero es un acto que realizo a solas. Es como expresar mi gratitud hacia la generosidad de la vida. ¿A quién agradecerle por tener salud, empleo, amigos, familia, etc.? Cuando uno da las gracias por esas razones es como un acto de sumisión ante la buena fortuna (así lo veo). Ahora bien, es distinto a agradecer a las personas de las cuales recibes (por lo general sin pedir); en estos casos tenemos la oportunidad de expresarlo frente a ellas, lo cual me produce un efecto liberador.
Desconozco si sentirse agradecido produzca beneficios físicos, pero disfruto haciéndolo.
A propósito de gratitud, gracias a ti Rafa por “dar”, somos muchos los que “recibimos” de ti, de tu esfuerzo, de tu calidad humana e inteligencia.
Un abrazo amigo.
Rafael Baralt

Gustavo Löbig dijo...

Hola Rafael! Me uno a tu tocayo en agradecerte este y otros aportes, que te definen como alguien valioso y que muestra las ventajas del compartir. Yo figuro entre quienes luchan por guardar un equilibrio entre dar y recibir, puesto que lo primero nunca me ha costado, pero el orgullo me sabotea el tener que pedir o recibir, incluso de mis allegados. En cuanto a tu costumbre familiar de agradecer al cierre del año, también ha sido usual en mi familia y en cada ocasión que compartimos algo que sin ser necesariamente material, valga ser reconocido con un gracias, un te amo o un regalo sincero, sea o no inmediato ni equivalente al recibido. En mi caso, y por educación doméstica, desde siempre he asociado al egoísta y al apegado a lo material con una persona llena de miedo y de conciencia de escasez, o incluso con alguien poco evolucionado a nivel individual y social. Ignoro si esa visión aprendida y ejercida desde niño tenga otra razón además de mis raíces familiares, y tampoco sé si está totalmente en lo cierto, pero la dejo constar aquí para resaltar cuánto he disfrutado tu artículo, con el que me identifico en gran parte. Un abrazo! Gustavo

Rafael Cuen dijo...

Rafa Y Gustavo, muchísimas gracias por sus comentarios, siempre me hacen sentir muy alagado y me motivan a escribir más, me alegra que les haya gustado el post, espero seguir haciendo cosas que puedan disfrutar todos, gracias por su blog de Raguniano y espero que sigamos en contacto por mucho tiempo